Monday, 18 May 2015

Señor Amor

Me gusta el verde de las hojas cantándole al sol, como pájaros rojos volando al atardecer y sapos azules saltando de charco en charco o mariposas negras nadando en el aire celeste del cielo. Más que nada, me simpatiza que ellas sean como flores nocturnas que nadan en el espacio, similares a pequeños pétalos de rosas que siguen el curso del viento cual pez en el mar o rata curtiendo el efecto de las toxinas de una Mamba Negra. Una serpiente con un interior tan hondo y oscuro que parece absorber toda clase de amor cual agujero negro consumiendo planetas, mariposas, sapos, flores, hojas, pájaros, sabores, temores y amores. Como un ser humano absorbiendo nutrientes.

Me gusta el rojo de la vida. Ese color que parece llenarnos tan de energía cuando encontramos la voz de un alegre pájaro que, aunque simula cantos son, en realidad, charlas apasionadas con amantes ocultos por memorias imaginarias que parecen puñados de rosas exóticas y extravagantes; rosas que pasan desapercibidas al ojo humano, con colores invisibles, imperceptibles y repletos de un perfume como a mandarina con limón, frutilla, sandía, melón y un toque de verdes y rojos.

Me gusta eso que se llama muerte. Un tema tan carente de creatividad, tan abstracto y, aún así, tan lleno de prejuicios y palabras andantes que crean ficciones, horrores y tristeza. No creo que sea nada de lo que pensamos, creo que es algo maravilloso, que nos llena el alma porque, sin ella, no existiría la renovación, todo sería monótono, no habría conexión alguna entre las situaciones de nuestras vidas; esos pájaros que mencioné al principio, no volarían al atardecer, el verde de las hojas no cantaría, no habría pasión, no habría energía, no habría paz, no habría alegría. 

¿Se imaginan, ustedes, un mundo sin todas esas vivencias y experiencias fascinantes? 

Me gusta el olor del pasto luego del caer del rocío. 
Me gusta el olor del nombre Rocío.
Me gusta el olor del hombre que rocía.
Me gusta el olor del rocío que rocía al pasto con tal sutileza que parece traerle esperanza al verde y alegría al amarillo.

Me gusta todo eso.
Todo eso es lo que yo llamo, de una forma sencilla y apasionante: Señor Amor.




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