-Por ser parte del camino, por ser una luz en la oscuridad...Por hacerme ver que los demonios buenos sí existen.
Allende por las oscuras aguas del canto,
donde el mar abre sus alas y agita sus flecos,
donde la borusca de otoño se desplaza entre las nubes de platino,
allende en los suburbios del olvido, espero yo hallar tu mirada verde.
Atravezando arrabales y silencios de agua,
podría encontrarme yo con tu beldad de diamante,
con tus ojos transparentes, ojos de estrella.
Entonces, me hallaría muy contento.
Tus ojos de poeta, tu voz de niña,
entre el caos y la incertidumbre,
vienen a ser lo que la flor para el maino azul.
Como una amapola inmortal, te invito a la greda,
a la danza sobre el mar de hielo y azufre.
Por favor, niña de los demonios buenos, sonríe,
con esos labios que son tuyos y que sonríen amenos...
Y los prados y la luna y los mundos mudos,
no han de padecer.
Solos y silentes duermen, gracias,
gracias por el alma tuya, que va de lumbre en lumbre.
Los crisantemos sonrosados se inclinan ante ti y te alaban,
mas no son ilustres baladíes tus sueños de poeta tierna,
¡vivan libres y sublimes!
Los peldaños de la muerte no han de turbarme, ni aún las malas hebras,
pero no concibo la cochambrosa idea de olvidarte,
no, yo no he de lograrlo.
Son buenos tiempos, Ana, y este poema, es tuyo.
-Alejandro.

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