Thursday, 3 September 2020

Señor Everest

¿Por qué todos los románticos están lejos?

¿Qué es lo que buscan en nuestros pellejos?

"La certeza de eso es abismal, tan abismal que un esquimal se hunde en esa marea ascendente y descendente de abismo turbulento" piensa, dice, y asombra a quienes le rodean, sólo que ellos son mudos, ciegos y sordos y no perciben sonidos ni miradas ni latidos. Están muertos, pero vivos. Altivos. Tan altivos que parecen Everests andando en un mar de miradas críticas.

De hecho, uno de ellos se llama Everest y sólo mira cuando decide enfocarse en el problema ajeno que lo endulza y motiva a seguir fermentándose. Pronto llegará el día en el que él se sienta tan alto y tan poderoso que logre evadir, de manera definitiva, las miradas difusas de aquellos halcones. 

Tal como el Everest, Everest estará solitario, sin ser alcanzado por el más osado halcón. 
Sin poder tener otro ser a su alrededor más que una bacteria o un virus alimentándose de su esencia.

¡Quién hubiese pensado que Everest moriría solitario y aislado! 

¡Quién hubiese imaginado que ningún halcón lo visitaría!

Al final de cuentas, él no es más que una montaña buscando las fallas geológicas de otros suelos para poder crecer y erguirse cada vez más alto. 

Al final, Everest sólo busca mimar al sol con su mirada altiva sin importar el sufrimiento ajeno.





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