Friday, 21 August 2015

Payasos De Un Amor

Unos payasos se encuentran, en una dimensión paralela a la de Amanda y Andrés, sentados en un banco de un junio otoñal, observándolos como si fuesen títeres detrás de un vidrio amarillento. 
Un vidrio amarillento que actúa como una pantalla capaz de transportar, a los payasos, a la dimensión opuesta.
La dimensión opuesta donde se es incapaz de percibir la existencia de los payasos. Unos payasos sin nombre, sólo identificables por colores. Los que se encuentran entusiasmados por la vida de Amanda y Andrés, son los payasos Rojo y Negro. Nadie los eligió. 

En una dimensión paralela a la de Andrés (y la que fue, una vez, de Amanda), se encuentran unos payasos.
Unos payasos que tienen noción de la existencia de Andrés, que saben del fatal destino que ha abrazado el cuerpo de Amanda aquella tarde de un junio otoñal, en la que se encontraba sentada al lado de su amor, al lado de su Andrés. 
En cierto modo, uno podría pensar que, quienes acabaron con los planes de esa hermosa pareja, han sido los payasos.
Los payasos que, al vivir felices y de la felicidad ajena, oían bellos cantos lejanos de ese hombre. 
Ese hombre que parecía tan entusiasmado de la vida.
De la vida que pertenció a su amada Amanda, quien ahora tiene frecuentes relaciones con unos payasos. . .
 Unos payasos que desconocen la realidad de los sentimientos, que perciben el mundo como si fuese una bola de cristal a la que ellos pueden observar como una película llena de sorpresas.
Sorpresas que sorprenden hasta el espectador más espectante de espectáculos.
Espectáculos poco alegres y favorables para el protagonista pero dignos de ser relatados; utilizados como enseñanzas para los más jóvenes.

Esas vidas son las que perduran en el tiempo: Las que se transmiten y perduran en canciones.



Continuación del cuento: Memorias De Un Amor




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