Tuesday, 4 August 2015

Microcuento

Inmóvil. El viento golpeaba su ya despeinada cabellera. Sus pies se enterraban cada vez más en el suelo encharcado. No cesaba de llover. A lo lejos, se sentía el aroma del pasto quemándose. Las puntas de su cabello, conviritiéndose en cenizas, caían en un suelo húmedo. En minutos el fuego miraba el interior de sus ojos. Incapaz de huir. Eso era ser un árbol.